orgullosa por siempre

No a la guerra. Si a la revolución

Publicado: 2022-03-04

Hay quienes insisten en la idea de que hay enemigos buenos y enemigos malos. Peor aún, hay quienes creen que Putin no es enemigo porque en ese mismo territorio alguna vez hubo socialismo. La democracia soviética duro apenas 3 años (1917-1920), pero inclusive quienes insisten en que hubo socialismo hasta 1991 deberían reconocer que el estado ruso ahora es parte de una mafia internacional. 

Hay quienes aceptan este hecho, dificil de discutir, pero su razonamiento es "si algún gobierno, por más capitalista que sea, se enfrenta a los Estados Unidos, hay que apoyarlo". Algo parecido dijo la socialdemocracia en la I Guerra Mundial. La política de los anticapitalistas de entonces fue radicalmente distinta. Frente a la guerra imperialista, la revolución de los trabajadores. 

Además, no es tan cierto que Estados Unidos es la gran potencia. Tras el colapso de la URSS, solo quedó una superpotencia en el mundo: Estados Unidos. Pero nada es eterno y ahora su hegemonía está en declive. Las intervenciones estadounidenses en Afganistán e Irak provocaron guerras catastróficas para los pueblos de estos países y terminaron en desgracia para Estados Unidos. Por desgracia, el declive del imperialismo estadounidense no ha ido acompañado de la aparición de un orden mundial más democrático, sino del ascenso de otros depredadores imperialistas, movimientos fundamentalistas y nacionalistas. En estas circunstancias, la izquierda internacional, acostumbrada a luchar solo contra el imperialismo yanqui, debería reconsiderar su estrategia. 

Los peruanos tenemos la lección entregada por Mariátegui. En su debate con el APRA plantea bien claro que no basta ser antiimperialista, hay que ser socialista. El APRA se proponía a sí misma como un Kuo-Ming-Tang latinoamericano centrando toda su política en el antiimperialismo. Mariátegui respondió

El antiimperialismo resulta así elevado a la categoría de un programa, de una actitud política, de un movimiento que se basta a sí mismo y que conduce, espontáneamente, no sabemos en virtud de qué proceso, al socialismo, a la revolución social. Este concepto lleva a una desorbitada superestimación del movimiento antiimperialista, a la exageración del mito de la lucha por la «segunda independencia», al romanticismo de que estamos, viviendo ya las jornadas de una nueva emancipación. 

Ya sabemos como terminó el Kuo-Ming-Tang. Y ya sabemos, también, como terminó el APRA.

En las últimas décadas, se ha producido un resurgimiento del imperialismo ruso, que ahora intenta que Estados Unidos redistribuya las esferas de influencia en el mundo. Los hechos demuestran que caer en la esfera de influencia de la Rusia de Putin no aporta nada bueno a los pueblos. Ahora mismo, las tropas rusas están en Kazajistán con el objetivo de reprimir por la fuerza el levantamiento popular. Además, para quien crea que hay serias contradicciones en el campo imperialista, las tropas rusas de facto en Kazajstán también protegen los intereses de los capitalistas estadounidenses y británicos, que poseen una parte importante de la industria petrolera en Kazajstán.

Al igual que en el siglo XIX, cuando el Imperio ruso era el gendarme de Europa, el régimen de Putin se está convirtiendo ahora en el obstáculo de los cambios sociales y políticos en el espacio postsoviético: cualquier movimiento social en este territorio se ve obligado a pensar en cómo no convertirse en un irritante para el Kremlin. Como frente a un espejo al "América grande otra vez" de Trump le corresponde el "Rusia grande otra vez" de Putin.

Por lo demás, estamos decididamente contra el bombardeo a población civil. Rusia está bombardeando ciudades, igual que Estados Unidos nos habla de "daños colaterales cuando de lo que se trata es de asesinatos masivos, verdaderas masacres. 

Eso no supone apoyar al régimen Ucraniano ni a la OTAN. Si se apoya hoy a Ucrania será ser cómplices de un Gobierno que una vez derrotado el ejército neozarista de Putin, perseguirá a los comunistas ucranianos acusándolos de prorrusos. Si se apoya hoy a Rusia será ser cómplices de un Gobierno que una vez terminada la guerra, perseguirá a quienes no hayan apoyado la invasión y entre los perseguidos habrán organizaciones socialistas.

Igual que en 1914 la tarea sigue siendo confraternizar en el frente y voltear las armas contra los verdaderos enemigos: Putin y Zelenski


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Anticapitalistas

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