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Cronicas desde España: Valencia: no mata el clima, mata el capitalismo.

Escribe: Pepe Mejía

Publicado: 2024-11-20

El pasado 29 de octubre una Depresión Aislada en Niveles Altos (DANA)  arrasó literalmente Valencia, la tercera ciudad más poblada del estado español. En la provincia de Valencia cayeron hasta 500 litros de agua por metro cuadrado y en algunas de sus poblaciones llovió más en un rato de lo que suele hacerlo en todo el año.

217 personas fallecidas y alrededor de 15 desaparecidas. Casas, fábricas y negocios arrasados. La tragedia y el dolor se podría haber evitado si empresarios y responsables políticos hubiesen puesto en marcha medidas de prevención.

A las 7 de la mañana del martes 28 de octubre, o sea un día antes de que la dana arrasara, ya había un nivel de alerta significativo en parte de la provincia de Valencia.

El gobierno valenciano no sólo no avisó, sino que a las 13 horas, el president de la Generalitat, Carlos Mazón, comparecía ante los medios para afirmar todo lo contrario: que el temporal iría a menos durante la tarde. "El temporal se desplaza hacia la Serranía de Cuenca en estos momentos, por lo que se espera que hacia las 18:00 disminuya su intensidad" en la Comunidad Valenciana.

Mientras la dana arrasaba parte de Valencia, el presidente de la Generalitat Valenciana, Carlos Mazón del derechista Partido Popular (PP), estuvo ausente y desaparecido. Mientras las localidades de Utiel y Chiva ya estaban inundadas y, mientras muchas personas se ahogaban o tenían el barro hasta el cuello, Mazón recibía un premio, mantuvo una reunión con empresarios y un almuerzo de tres horas con una periodista, a la que ofrecía la dirección de la televisión pública.

Mientras la gente moría o trataba de sobrevivir se imponía los desatinos y el esperpento.

Cuando el actual president Mazón asumió el cargo disolvió la Unidad de Emergencias y en su lugar potenció la industria de los toros.

La responsable de emergencias no sabía cómo se informa a la gente de una emergencia. La ausencia de alerta temprana habría salvado muchas vidas, dicen los expertos. Mazón, el presidente de la Generalitat de Valencia, el máximo responsable en estas circunstancias, dice que no tenía cobertura telefónica en el centro de emergencias. ¿Un centro de coordinación de alertas con poca cobertura? Y justifica que llegó tarde a la reunión de emergencia del Centro de Coordinación Operativa Integrado (CECOPI) porque había tráfico denso y mucha lluvia.

El mismo martes 29 de octubre -el día que llegó la dana-, la máxima autoridad de Valencia despreció, poco antes de las dos de la tarde, la decisión de las universidades públicas valencianas de suspender toda la actividad académica por las alertas de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) que anunciaban lluvias torrenciales.

Muchos fueron los avisos que advertían del peligro inminente. 194 correos electrónicos con diferentes avisos y alertas fueron remitidos por la Confederación Hidrográfica del Júcar (CHJ) a la Generalitat. Desde 2019 los científicos advirtieron de la catástrofe, pero no les hicieron caso.

La gestión de la preemergencia por parte de la Generalitat Valenciana ha sido, a todas luces, negligente y no es descabellado aventurar que criminal. 

Al parecer, grandes empresarios dieron la sugerencia de no “alarmar” a la población y mantener, en la medida de lo posible, la “normalidad”. Así, Mercadona y El Corte Inglés –empresas con gran presencia en el territorio- mantuvieron su actividad y prohibieron a sus trabajadores abandonar sus puestos, poniendo en peligro la vida de miles de trabajadoras. Mientras el agua inundaba las carreteras, los camiones de reparto de Mercadona fueron obligados a seguir trabajando.

Otro de los argumentos que esgrimieron algunos empresarios de la hostelería fue no “alarmar” en víspera de un puente –el día de todos los santos- prometedor en lo económico. El negocio y el dinero manda por encima de las vidas.

Al capital, a los empresarios y a los responsables políticos que niegan el cambio climático les interesa mantener el funcionamiento del sistema. Permiten que se construyan en cauces inundables. Un rasgo central de las derechas es despreciar y minusvalorar todo lo relacionado con la emergencia climática. Una posición que, entre otras cosas, empuja a despreciar los riesgos reales de que sucedan fenómenos de magnitud inédita, como en efecto ha ocurrido. Una de las consecuencias: 50 mil autónomos sin trabajo y alrededor de 400 camiones descargando residuos orgánicos diarios.

El problema está en que esta catástrofe ecológica capitalista se puede repetir. Como dice el divulgador científico José Luis Gallego: “El agua tiene memoria, sabe dónde está el mar y sabe cómo acudir a él, tiene los planos en la cabeza. A la que cae, va hacia él, le hayas puesto lo que le hayas puesto".


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Anticapitalistas

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