Estados Unidos, Rusia, “Israel”: La Lumpen Internacional y el fin de la ONU
Desde que apareció el capitalismo en el mundo se vio la necesidad de traspasar las fronteras. De hecho, como hemos visto en otro artículo, el capitalismo nace en América (lo dice Marx) por la invasión española. Luego vino una internacional indigenista propiciada por Bartolomé de las Casas. Desde los tiempos del sacerdote sevillano han sido las izquierdas las que más han declarado la necesidad de unir a los pueblos. “Agrupémonos todos en la lucha final” dice la canción de Eugène Pottier. Pero también es una política de los gobiernos. El FMI, el Banco Mundial, la OTAN, las Naciones Unidas, la OEA han sido instituidas por los gobiernos para mejor controlar el mundo.
Pero toda esa parafernalia institucional ha devenido obsoleta con los gobiernos lumpen. La existencia de una lumpen burguesía ha sido propuesta por varios autores. Paul Baran o André Gunder Frank lo han usado para describir las burguesías dependientes de América Latina. En nuestro blog lo hemos usado para referirnos a la actual economía delincuencial basada en el tráfico ilegal de minerales, maderas, tierras, drogas, mujeres y niños. Pero quien lo uso primero fue Marx en su libro sobre la Comuna de París. Se refería a la aristocracia financiera que dominaba el Gobierno francés y se enriquecía con la especulación, las estafas al Estado, el déficit y los empréstitos que se renovaban periódicamente, las operaciones de Bolsa. De modo que hay una lumpen burguesía de los de arriba, distinta a la de los de abajo.
La burguesía lumpen ha logrado controlar el mundo: Donald Trump, Vladimir Putin, Javier Milei, Jair Bolsonaro, Nahrendra Modi, Benzion Malinowski (alias Netanyahu). No vamos a entrar al tema nacional en esta ocasión, aunque todos sabemos que aquí la legislación pro crimen es la que rige. Todos ellos tienen algunas características comunes. Comienzan con el discurso. Le han quitado el halo rebelde a la izquierda que, por el contrario, ha suavizado su discurso. Se posesionan como los salvadores del planeta y a sus países como centros de la civilización mundial. Crean una atmósfera de intimidación en la esfera política a partir de la práctica repetida de la mentira, justificando frecuentemente la ilegalidad y a menudo recurriendo al lenguaje mafioso.
Esta toma de posesión como centros civilizatorios es muy patente en “Israel” y Rusia. En el ente sionista es un discurso tanto militar como “cultural”. En lo militar es clara la política genocida. En lo cultural, mientras tanto, se proclaman "la única democracia del medio oriente", quieren marketearse con una imagen tolerante. Por eso invitan a drag queens famosas a hacer shows para el ejército, y por eso tienen el programa birthright para que adolescentes y jóvenes judíos de todo el mundo viajen a “Israel” a "conectar con sus raíces". Parte de su fracaso en la guerra es el repudio que ha causado en la comunidad judía internacional el genocidio.
Con una comunidad judía que le da la espalda el ente sionista no tiene razón de ser. Pero no es solo eso, hasta los propios sionistas repudiaban el genocidio. Las familias de los rehenes exigiendo el alto al fuego. Y el ejército en descomposición con soldados que o desobedecían a sus jefes o se suicidaban. Mientras tanto los palestinos mantenían la moral en alto a pesar del cruel genocidio. Una vez más vencieron los débiles. El solo hecho de sentarse a negociar con Hamas ya fue una derrota de Malinowski (Netanyahu) como bien recuerda Jeremy Bowen, editor internacional de la BBC
Putin ha vaciado de sentido la sociedad rusa. Según Oleg Shein, exdiputado a la Duma estatal de la Federación Rusa, lo que se encuentra en la población rusa es inseguridad hacia el futuro, desorientación y desilusión. Un gobierno sin más proyecto que la guerra y la recuperación de los territorios que alguna vez fueron “suyos” aún contra la voluntad de su gente: Ucrania en primer lugar, pero luego Aserbaiyán, Kazajistán, Moldavia. Según Shein lo que ofrece Putin a esta población desorientada es que descargue sus frustraciones a través del odio orwelliano:
El Estado, en cambio, ofrece una respuesta simple: odio. Como un mando del televisor, el odio ha ido cambiando de diana durante décadas: liberales, homosexuales, ucranianos, inmigrantes, ateos, perros callejeros y sus defensores, azeríes, de nuevo homosexuales, de nuevo ucranianos, de nuevo inmigrantes, y siempre Occidente. A veces China.
Pero quien parece dirigir la Lumpen Internacional es Putin y Estados Unidos. Ya está demasiado documentado el carácter tramposo de la “Universidad Trump” que es la única en el mundo que no da títulos universitarios; de los casinos y hoteles que viven de subvenciones estatales porque siempre están en quiebra; de la “Fundación Trump” que según el New York Times “no es una organización benéfica ética y generosa, sino solo otro de sus timos’’. Sus tratos con Rusia son capítulo aparte. Y no comienzan hoy ni con la política. Tratándose de lumpen burguesía es lógico suponer que sus primeras relaciones sean negocios turbios. La construcción de la Torre Trump en Moscú, en sociedad con Michael Cohen que terminó en prisión, es uno de los tantos escándalos de los que supo salir bien librado y con algunos millones encima.
Samuel Farber ha sido el primero en señalar, ya el 2018, la relación entre la historia delincuencial de Trump y su comportamiento político:
Fiel a sus inclinaciones depredadoras lumpen, tiene una relación prácticamente pre-capitalista y pre-democrática con el cargo gubernamental, a raíz de la cual su persona y su puesto se funden en uno, y el cargo político funciona para beneficio suyo y de sus amigos. La conducta política de Trump es un impedimento para la función política más importante del estado capitalista: actuar como unificador y árbitro de la clase capitalista. Trump ha sido un destructor empedernido de las reglas “normales’’ del comportamiento político esencial para la función de ser un árbitro fiable y responsable para el conflicto intra-capitalista.
No podemos esperar que sea distinto a nivel internacional. Las reuniones con el polaco Malinowsky (alias Netanyahu) y con Putin muestran un comportamiento lumpen de reordenamiento mundial. “Israel” fue derrotado en su política genocida. No solo fue rechazado por los propios palestinos que nunca bajaron la cabeza sino por el judaísmo internacional e incluso por personalidades sionistas. Un ejército en descomposición rechazaba la barbarie de los jefes y se producían vez tras vez actos de desobediencia o incluso suicidios. Tuvo que firmar un acuerdo de paz. Ahora Trump ofrece tomar la posta para la limpieza étnica en Gaza y convertirla en un balneario gringo.
Con Putin le han dado una patada a las Naciones Unidas como foro para resolver los problemas internacionales. El 18 de febrero de 2025 los ministros de Exteriores de Washington y Moscú reunidos en la capital de Arabia Saudita, Riad, comenzaron a definir el rumbo de Ucrania, pero también del mundo. Con eso las Naciones Unidas, la OTAN, el “orden internacional basado en reglas” y todo el teatro colonial que reinaba hasta hoy se ha derrumbado. Es cierto que nosotros también queríamos derrumbarlo. Pero esto ha sido para peor.
No es la primera vez que las grandes potencias deciden la vida de los países periféricos sin consultar con los afectados. Se han contado hasta 7 oportunidades. Las más destacadas son el “Reparto del África” entre los países europeos en 1884-85 y la división de Samoa entre Estados Unidos y Alemania en 1899. La Unión Soviética estalinista participó hasta dos veces en estos repartos. La primera vez pactando con Hitler la división de Europa en una zona alemana y otra soviética y la segunda vez en la Conferencia de Yalta en que se le otorgo a Stalin algunos “estados amortiguadores” en Europa del Este a cambio de derrotar revoluciones populares en la Europa Occidental.
Desde que se fundaron las Naciones Unidas no fue necesaria una reunión como la que se acaba de dar. De hecho, las grandes potencias se reunían en el Consejo de Seguridad y “resolvían” los problemas del mundo entre ellas. Pero últimamente las Naciones Unidas han sido cuestionadas por los gobiernos lumpen. Milei las acusa de woke, término que significa “desperté” se aplica a antirracistas y feministas pero los gobiernos lumpen le dan un carácter negativo (caviar diría Cerrón). Además, la ONU ha sancionado varias veces a “Israel”, incluyendo la orden de prisión de la Corte Penal Internacional. Los gobiernos lumpen necesitan dar por superada la experiencia ONU. La reunión de Riad es un paso en esa dirección. Y no es casualidad que Arabia Saudita sea el anfitrión.