espera nuevo capítulo

El nuevo desorden mundial.

Escribe Daniel Mathews, para el Encuentro Anticapitalista

Publicado: 2025-08-05

Hace un siglo Lenin decía que el imperialismo es el tiempo de las guerras y revoluciones. Las revoluciones, lamentablemente, fueron derrotadas. Contra ellas atentó no solo el imperialismo sino también las direcciones mayoritarias del movimiento popular. En primer lugar, esas que convirtieron a la Unión Soviética de espacio asambleario (soviet) en dictadura de partido. Hoy estamos lejos de una era de revoluciones. Pero las guerras han continuado. Los países hegemónicos quieren dejar claro a las periferias quien es el que manda. Y para eso no tienen otra forma que imponer su poder militar. Hay guerras en Asia, África y Europa. Si no se habla de Guerra Mundial (la cuarta si consideramos como tercera la Guerra Fría) es por una especie de eurocentrismo que solo reconoce como tal las dos que tuvieron como centro ese continente. La médula actual de todas esas guerras es Palestina. Por varios motivos. El primero es que no se trata de una guerra. Es un genocidio como bien lo dice Francesca Albanese. También por la cantidad de empresas que están involucradas en sostener económicamente a Israel. Por último, por los compromisos que tienen casi todos los países, incluidos algunos supuestamente críticos, en este genocidio. Algunos como proveedores de armas otros como financiadores del mismo. Hay que denunciar que el Perú está entre estos últimos, tanto por la compra de armas cuanto por los acuerdos con empresas estatales israelíes como Mekorot

Por otro lado, hay un vaciamiento de los pocos espacios democráticos que dejó abierto el capitalismo después de la Segunda Guerra Mundial. Es un fenómeno totalmente distinto al fascismo y no tenemos por que llamar igual a dos fenómenos diferentes. El fascismo era opuesto a la “democracia”. Ahora parten de un llamado a “defenderla”. El golpe en Perú contra Pedro Castillo ha sido en nombre de la “democracia”. En Estados Unidos la paradoja llega al extremo: el asalto al Capitolio en enero de 2021 se hizo en nombre de la democracia. Los manifestantes decían defender una democracia que les había sido «robada» por los demócratas. Es decir, se presentaban como los verdaderos demócratas. Uno de los instrumentos que se usan para esta supuesta “defensa de la democracia” es el judicial. Sobre todo, en América donde hemos visto procesos de lawfare contra Rafael Correa, Lula, Evo Morales, Cristina Kichner, Pedro Castillo y todos los que han sido inhabilitados por el Congreso peruano.

En el terreno económico el neoliberalismo ha terminado. La etapa de los Tratados de Libre Comercio, en la que se retiraban los aranceles a una serie de países/productos ya no existe más. Trump está abandonando el proyecto de Washington posterior a la Guerra Fría de supervisar un orden neoliberal de globalización del libre comercio. En su lugar, está tratando de lograr su repetido objetivo de hacer grande de nuevo a Estados Unidos [MAGA, por sus siglas en inglés] poniendo a Estados Unidos primero frente a amigos y enemigos. Está degradando o abandonando las instituciones multilaterales, imponiendo aranceles a decenas de países y amenazando con anexionar Groenlandia, Panamá e incluso Canadá. Esto como respuesta a que el neoliberalismo en verdad sirvió más a China que a los Estados Unidos. China creció espectacularmente porque las empresas se trasladaron a un país con mano de obra más barata. Pero, como bien explica Oscar Ugarteche en entrevista de La Mula, el regreso desordenado de los aranceles no traerá necesariamente un “Estados Unidos grande” sino que lo más probable es que acelere la crisis norteamericana con una recesión.

El auge de China y el fin de la era de las revoluciones ha hecho que la izquierda institucional pase de la lucha por el socialismo a la geopolítica. Según nos dicen deberíamos cambiar de amo, de Estados Unidos a China. Es muy probable que sea una predicción de algo que ocurrirá tarde o temprano. Ya una empresa china maneja varias minas, la energía eléctrica de la capital y pronto nuestro mayor puerto. Pero hay que recordar que no lo hace en bien del Perú sino de sus propios intereses. China es un país capitalista más. Tiene, como todos los países hegemónicos participación en lo que hemos llamado la Cuarta Guerra Mundial. A pesar de su retórica oposición al genocidio de Israel, es el segundo socio comercial más importante del ente sionista. Un reciente artículo de Ashley Smith nos da cuenta de las inversiones chinas en Israel 

Su empresa estatal Shanghai International Port Group construyó y opera el puerto de Haifa, valorado en 1700 millones de dólares. Otra de sus empresas está construyendo el sistema de metro ligero de Tel Aviv y otra, Hikvision, vende tecnología de vigilancia a Israel para controlar a la población palestina de Cisjordania. Es de esperar que las crisis periódicas del capitalismo también afectarán a China.

La tarea nuestra es persistir en la lucha por la democracia. Tenemos que denunciar que el capitalismo no podrá traer más democracia que esta farsa vacía que nos están ofreciendo hoy. Que la verdadera democracia es la que se forjará desde la “asociación libre de productores” que es como define Marx el comunismo. Una asociación libre que supone que las decisiones políticas se tomen en común, que la economía esté en manos de quienes la forjan, que todos valgamos igual más allá de razas, géneros, opciones sexuales o religiosas. Aunque la revolución no esté a la orden del día ese debe ser nuestro horizonte. Todas nuestras actividades, incluso en el proceso electoral, deben apuntar hacia allá.


Escrito por

Anticapitalistas

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