No tuvimos unidad. Que tipo organizativo necesitamos
CNUL, Plataforma por la Democracia, CGTP, Juntos por el Perú, Nuevo Perú… y seguimos contando. Hace un tiempo comentábamos que había dos proyectos de unidad, ahora vemos que ninguno funciono. Ni la unidad para luchar, ni la unidad para votar. Es urgente ver que es lo que no funciona en nuestras organizaciones y como así eso ayuda al proyecto lumpen burgués.
Goethe, citado por Rosa Luxemburgo, nos habla sobre la "odiosa mayoría que sería compuesta de algunos cabecillas vigorosos, de muchos pícaros que se adaptan, débiles que se dejan asimilar y de la "masa" que trota a la cola sin saber nada del mundo que desea”. Esa es la forma como se organizan partidos de derecha, pero no es muy diferente como lo hacen algunos de izquierda. Existen compañeros que disponen de mucho tiempo para reuniones en las que se aprueba todo: desde el carácter de clase de la sociedad china hasta la fecha en que saldremos a marchar. Otros que están mas cerca de su barrio, su sindicato, su gente. Así la división de clases se reproduce al interior nuestro. Si queremos construir un socialismo desde abajo necesitamos una izquierda con los zapatos sucios, que nuestros dirigentes estén verdaderamente unidos a las clases populares.
Lo segundo que necesitamos es tener practicas unitarias permanentes. Hasta en temas en los que no caben mayores diferencias, como la solidaridad internacional o el trabajo cultural se arman representaciones estrechamente ligados a estructuras partidarias. Es necesario construir comités unitarios en todos los barrios. Los temas son varios: Palestina, trabajo cultural, democracia, derechos laborales, contra la dictadura. Construyendo una unidad desde abajo obligaremos a nuestros dirigentes a ser unitarios.
Otro problema, ligado al anterior, es el marcar un adentro y afuera del partido. Para que funcionen comités unitarios es necesario que quien entra ahí no actúe como miembro de partido sino en primer lugar como activista de clase. El partido puede servir para conversar en su interior que conviene y que no. Pero la decisión se toma en el comité. El ejemplo más reciente de algo así fue la política de las Zonas.
Esto tendrá un efecto adicional. Forjar un pensamiento independiente de la clase política. Mientras que para mantener el capitalismo se necesita una masa informe e inconsciente, para superarlo requerimos que la potencia creativa de todos se potencie. No basta con abolir la dinámica que pone a un lado "jefes" y al otro una mayoría que "trote tras ellos". Es necesario invertirla. La misión histórica de los "dirigentes" revolucionarios es doble. Por un lado servir de organizador de los que están dispuestos a la pelea, por otro ser educador de quienes aun tienen preguntas antes. Iluminar a las masas en su misión histórica.
En palabras de Rosa Luxemburgo
su prestigio y su influencia aumenta en la medida en que los jefes destruyen lo que antes era la base de cualquier función del liderazgo: la ceguera de las masas, en la medida en que se desnudan ellos de su calidad de jefes, en la medida en que logran que de la masa dirija ellas misma sus órganos ejecutivos de su acción consciente.
El capitalismo divide a los humanos entre los que saben y los que no. Entras al colegio y lo primero que encuentras es un profesor que habla para que todos escuchen, no le importa que pensares y sentires tienen los alumnos. Se malogra algo y vas al técnico, te enfermas y vas al médico, que descarta saberes ancestrales. Nos cuentan que para ser presidente o congresista hay que estar muy “preparado” y que los obreros, las mujeres, los indígenas están lejos de eso. El convertir a la “masa” en "dirigente" segura, consciente, lúcida es el primer paso para abolir toda dominación de clase.