No señor Hildebrandt, no es solo "Netanyahu"
En el número 747 de Hildebrandt en sus trece se dedican varios artículos al tema Palestina. Recomendamos particularmente el de Daniel Espinosa "Israel en el arreglo imperial" del que hablaremos más adelante. En cambio el editorial escrito por el propio señor Hildebrandt nos mueve a hacer la presente respuesta.
Por supuesto que Hildebrandt rechaza el genocidio y en eso coincidimos. En realidad el rechazo que está produciendo Israel, lo llamemos o no genocida, se extiende cada día más al punto que hasta Trump se ha pronunciado sobre el hambre de los niños. No esperábamos menos de Hildebrandt. Es otro el problema que vemos en el artículo. Veamos:
Siempre aprecié a Israel y jamás estuve con quienes decían que debía desaparecer. Cuando en 1980 entrevisté a Arafat en Líbano, en plena guerra civil, lo hice enojar de tal modo que cortó la entrevista y me despidió con un mal gesto.
Hildebrandt siempre usara la autorreferencia como parte de su escritura. Eso no es importante. Lo grave es creer que el problema es el actual gobierno de Israel y no la propia existencia de un enclave colonial. En el artículo de Daniel Espinosa queda claro, define a Israel como "parte de la maquinaria que el capitalismo occidental usa para aplastar toda iniciativa soberana". Y esta es la gran diferencia entre el columnista y el director: Espinosa cuestiona el capitalismo y por eso entiende que el silencio occidental frente al genocidio no es solo complicidad, es la relación entre los interesados y quien les hace el "trabajo sucio" como dijo el canciller alemán Merz.
Nos quieren hacer creer que el problema es el polaco Mileikowski, a quien llaman "Netanyahu" a sabiendas de que es su seudónimo de terrorista, algo así como "Gonzalo". Pero el genocidio no ha comenzado ahora. En 1948 se expulso 700,000 palestinos de sus tierras. Ese mismo año fue la masacre de Deir Yassin, 120 mil palestinos fueron asesinados. Los cadáveres fueron arrojados a pozos de agua negándoles incluso el derecho a un entierro. Mileikowski recién nacería el año siguiente.
Y sigue Hildebrandt:
No he dejado de tener en cuenta que Einstein, Freud o Marx fueron judíos.
Si, fueron judíos. Como lo son ahora muchos de los que salen a marchar en Europa bajo el lema "Not in my name". Como los soldados que se suicidan asqueados de lo que han hecho. Como varios de los redactores del Informe “B'Tselem, de lectura obligatoria. Como Daniel Barenboim, el músico judío que renunció a ser israelí gran amigo del escritor palestino Edward Said. Podemos seguir poniendo ejemplos. Esta claro que no es lo mismo ser judío que ser sionista. Y que tener una religión no debería darte derechos sobre un territorio que no es el tuyo. Que sepamos los católicos no tienen derechos sobre Roma, los luteranos sobre Alemania, los taoístas de Barrios Altos sobre China.
Pero ya que Hildebrandt se refiere a Einstein, Freud o Marx nos vemos obligados a ellos. A Einstein y Freud les entusiasmo, en un primer momento, el traslado de judíos a Israel. Freud tradujo al hebreo su libro Tótem y tabú. Pero rechazaron la creación del Estado de Israel.
Einstein se pronunció contra el Estado de Israel ya en 1931 segun vemos en su libro Mi visión del mundo:
Nuestro objetivo no es la creación de una comunidad política, sino que conforme a la tradición del judaísmo, es una meta cultural en el sentido más amplio de la palabra. Para lograrlo debemos resolver con nobleza, abierta y dignamente, el problema de la convivencia con el pueblo hermano de los árabes
En 1938 fue más claro aún:
Dejando a un lado las consideraciones prácticas, mi concepción de la naturaleza esencial del judaísmo se opone a la idea de un estado judío con fronteras, ejército y un grado de poder temporal, por modesto que fuera
El caso de Marx fue distinto pero aún así ayuda. Muerto en 1883 no tuvo la oportunidad de pronunciarse sobre el Estado que se crearía 60 años después. Ni siquiera vio el libro de Theodor Herzl, de 1896. El problema judío, en ese entonces, era la contradicción que existía entre el Estado católico alemán y una población no católica. Como es de suponer Marx postula por la separación de la Iglesia y el Estado:
La emancipación política del judío, del cristiano y del hombre religioso en general es la emancipación del Estado del judaísmo, del cristianismo, y en general de la religión. Bajo su forma, a la manera que es peculiar a su esencia, como Estado, el Estado se emancipa de la religión al emanciparse de la religión de Estado, es decir, cuando el Estado como tal Estado no profesa ninguna religión, cuando el Estado se profesa más bien como tal Estado
Hildebrandt nos retrotrae al siglo XIX. Solo que ahora, en vez de un Estado que no acepta a los judíos, propone uno que solo los acepta a ellos y donde, independientemente de tu lugar de nacimiento, puedes reclamar que te entreguen un terreno. Si ese terreno tiene propietario basta con asesinarlo para resolver el tema ¿En realidad lo ha pensado, señor Hildebrandt?