Lágrimas de sangre: una correspondencia sentipensante.
Escribe: Daniel Mathews
Mariátegui pensaba que los indígenas al entrar en contacto con el proletariado urbano “empieza ya a asimilar la idea revolucionaria, a apropiarse de ella, a entender su valor como instrumento de emancipación de esta raza” (Ideología y política p. 33). Arguedas al escribir Todas las sangres también postula la idea de un líder migrante que al regresar a la tierra puede encabezar la lucha indígena. Ese líder fue Hugo Blanco que regresó de Argentina donde había tenido contacto con la filosofía de la praxis. Poco antes de morir, producto de un cuadro depresivo que es narrado en El zorro de arriba y el zorro de abajo, Arguedas entabla una correspondencia con Blanco. Era un momento especialmente sensible para los dos. Arguedas no solo pasaba el momento depresivo mencionado, sino que desarrolla su actividad poética, apenas esbozada antes en medio de algún relato. Blanco escribe el único texto de ficción que se le conoce. Es el encuentro de dos sensibilidades.
En esa correspondencia se va forjando un proyecto de país en el que confluyen por un lado el escritor y antropólogo comprometido con las luchas y resistencia de los campesino-indígenas del Perú en los años 60, y por el otro uno de los máximos referentes en la práctica militante de estas luchas. Un proyecto de país en el que el sentir, el llorar, es tan importante como lo racional y donde el retorno de nuestras comunidades es tan necesario como la conquista de la modernidad. Un proyecto romántico.
La correspondencia ha sido ya estudiada por Luis Andrade Ciudad y Giovanna Pollarolo desde su relación con la biografía de Arguedas y por Francisco Wainziger Friedheim desde la que tiene con la teoría de la decolonialidad. Lo que intentare hacer en las siguientes líneas es un análisis desde los propios textos de para descubrir cual es el proyecto político que llevan nuestros autores y como cuestiona el marxismo occidental.
Es un proyecto que hunde sus raíces en un espacio de resistencia contra el capital: la comunidad campesina. Ya Hildebrando Castro Pozo había llamado la atención sobre el tema. Pero Arguedas en su estudio sobre Huancayo advirtió que no solo eran un factor de desarrollo económico autónomo, sino que también de resistencia cultural. No solo tienen la tierra, sino que la forma en que la laboran es la tradicional. No es trabajo, es fiesta. La fiesta del agua es la limpieza de las acequias, la de Santiago se dedica a los animales, la de la siembra y cosecha a las respectivas tareas. En general, la organización campesina en Nuestra América permite procesos de resistencia como las mingas por la vida y por la paz en Colombia, la resistencia a proyectos desarrollistas antiecológicos a lo largo del espacio andino más allá de las fronteras que lo dividen o las tomas de tierras.
En 1962 Hugo Blanco, durante el gobierno de Ricardo Pérez Godoy dirige un levantamiento campesino en la hacienda Santa Rosa, ubicada en Chaupimayo, propiedad de la familia Romainville. Los campesinos se organizan en brigadas de autodefensa para reclamar a los hacendados por los supuestos abusos cometidos. Ese mismo año comienza la escritura de Todas las sangres de la que se publica un capítulo el 23 de junio de 1963 en el diario El Comercio celebrando lo que entonces se llamaba “día del indio”
Se pueden establecer algunos paralelos entre Rendón WilIka, el líder de los indios en Todas las sangres y Hugo Blanco. Willka es el primer hijo de los comuneros que asistió a la escuela de los vecinos, cuando lo expulsan no renuncia al aprendizaje, sino que viaja a Lima y, sin embargo, no pierde su contacto con el mundo mágico andino. Lo vemos en su respuesta a Cabrejos cuando quiere que lo apoye contra Fermín: “Para ti, patrón no hay Mama Pacha. Es, pues, seguro. Pero en mi adentro habla claro la cascada, pues; el río también, el manantial también”. La relación modernidad/tradición, que Arguedas vio en Huancayo, ahora se personifica. Al regresar a su tierra Willka se entregó apasionadamente a una revolución que es tanto la culminación de la trastocación del mundo como el retomo y el renacimiento del pasado.
No olvidemos el romanticismo que alimenta la obra de Arguedas, expresado en la frase “el socialismo no mató en mi lo mágico” al recibir el premio Inca Garcilaso de la Vega en octubre de 1968. En realidad, no tenía por qué matarlo. Algo similar dice Mariátegui: “La fuerza de los revolucionarios no está en su ciencia, está en su fe, en su pasión, en su voluntad. Es una fuerza religiosa, mística, espiritual. Es la fuerza del Mito (…) Los motivos religiosos se han desplazado del cielo a la tierra”. La presencia del mundo andino hace que el romanticismo de Arguedas, que Mariátegui solo conoció por lecturas, sea aún más radical. Para el Amauta los nuevos líderes indígenas vendrían de la aplicación de la teoría marxista que aprenderían en la ciudad: “En la ciudad, en el ambiente obrero revolucionario, el indio empieza ya a asimilar la idea revolucionaria, a apropiarse de ella, a entender su valor como instrumento de emancipación de esta raza, oprimida por la misma clase que explota en la fábrica al obrero, en el que descubre el hermano de clase”. Arguedas entiende que esa “idea revolucionaria” necesita nutrirse de magia.
“EL MISMO INDIO ESTÁ HABLANDO”
¿Era Hugo Blanco un Rendón Willka? Seguro esa pregunta estaba en la mente de Arguedas cuando le manda la novela. Escribió mucho en quechua pero luego se arrepintió y le puso una sencilla dedicatoria en castellano. Hugo le responde en quechua, agradeciéndole el obsequio. Es un mensaje lleno de esa ternura que sólo los indios de los Andes saben dar —" taytay José María, padrecito mío". El profesor colombiano Carlos Vidales, que estaba alojado en la casa de José María y Sibila, cuenta que cuando Arguedas recibió la carta de Blanco exclamó "¡Es un indio! ¡Puro indio!". Algo parecido le había pasado a Blanco al leer Los ríos profundos: “¡Ya está carajo, ahora el mismo indio está hablando!” exclamó, según cuenta en una de sus cartas a Arguedas. Así pues, Arguedas había encontrado a alguien semejante a Rendon Willka, Blanco había recibido una nota de su taytay.
Ellos se entendían. Si no basta el testimonio de Vidales podemos leer lo que dice José María: “solo al leer tu carta sentí, supe que tu corazón era tierno, es flor, tanto como el de un comunero de Puquio”. Por su parte Hugo dice “conozco bien tu corazón, padre, aún antes de que me escribieras. Como te digo, al igual que en agua cristalina se ve tu corazón a través de tus escritos”.
El entendimiento entre ellos era mejor que el que cualquier crítico literario le ha ofrecido a Arguedas, que cualquier político le ha ofrecido a Blanco. De hecho, Todas las sangres fue objeto de duros cuestionamientos por parte de reputados críticos literarios y científicos sociales como Henri Favre, Aníbal Quijano y Jorge Bravo Bresani, en una mesa redonda desarrollada en el local del Instituto de Estudios Peruanos. Arguedas les respondió con el poema quechua "Huk doktorkunaman qayay". En la carta a Blanco se queja de esta incomprensión y Blanco responde en el mismo tono del poema: “El misti es misti, padre”
Aunque no se llegaron a conocer físicamente se puede hablar de una verdadera amistad y adhesión mutua. Si comparamos las cartas que Arguedas escribe a Blanco con las que manda a Moreno Jimeno, por ejemplo, vemos mucho más afecto en las primeras. Lo mismo podemos decir de las escritas por Blanco que solo retoma ese tono afectivo en algunos de sus escritos políticos después de su encuentro con el zapatismo del que hablaremos al final del articulo.
HOMBRES QUE LLORAN
En las cartas vemos la reivindicación de una forma de sentipensar que está negada en el mundo occidental, donde lo exclusivamente racional prima sobre lo mítico, lo subjetivo, lo mágico que son relegados como “inferiores”. Según la norma social el hombre no llora. Sin embargo, tanto Arguedas como Blanco lloran. “Quien no sabe llorar, y más en nuestros tiempos, no sabe del amor, no lo conoce” dice Arguedas.
El llanto se presenta es diversas formas en uno y otro. El de Arguedas es purificador: “Yo, hermano, solo se bien llorar lágrimas de fuego; pero con ese fuego he purificado algo la cabeza y el corazón de Lima, la gran ciudad que negaba, que no conocía bien a su padre y a su madre”. El llanto de Hugo es menos simbólico. Es un llanto por Arguedas, dice: “Cada vez que me hablan de ti hacen llorar mi corazón, con una u otra cosa. La vez pasada, porque creíste que criticaría tu actitud y ahora, porque estando enfermo quieres venir”.
En efecto, en la carta de Arguedas le había manifestado su malestar: “Yo no estoy bien, no estoy bien; mis fuerzas anochecen. Pero si ahora muero, moriré más tranquilo” Lo que no sabía Blanco era que no estaba enfermo del cuerpo sino del alma. Arguedas sentía que ya no comprendía el mundo y que el mundo no lo comprendía. Si leemos El zorro de arriba y el zorro de abajo centrándonos en los “Diarios” es una novela que nos narra la historia de un escritor que ya no puede escribir y por eso se suicida. Blanco le pide postergar su encuentro en El Frontón para cuando este sano. Su carta es del 25 de noviembre, tres días después sonaba un disparo en uno de los baños de la Universidad Agraria. No llegaron a conocerse. Pero, quizá no hubo nadie que conociera mejor a Hugo ni a José María.
¿Tiene sentido leer las cartas intimas de dos amigos medio siglo después de escritas y con ellos ya muertos? En ellas se plantea una cuestión vital que trasciende a la relación personal ¿Es posible alcanzar el “hermoso día”, para usa un término de la carta de Arguedas, sin seguir el modelo euro norte americano? En el substrato de las cartas esta el problema del enfrentamiento contra el capital desde nuestra propia cultura, desde nuestro propio ser. Ya la posibilidad había sido prevista por Marx en su correspondencia con Vera Zasúlich. Pero había que ir más allá de Marx, había que forjar nuestra propia filosofía de la praxis para darle vida a esa opción. “Ese hermoso día que vendrá y del que hablas, aquél en que nuestros pueblos volverán a nacer, viene, lo siento, siento en la niña de mis ojos su aurora, en esa luz está cayendo gota por gota tu dolor ardiente, gota por gota sin acabarse jamás”. Eso lo encontró Blanco en el movimiento zapatista mexicano. El llamar “marxismo” e incluso añadir “leninismo” y “trotskismo” a la filosofía de la praxis ha devenido en que veamos un solo camino como valido. Un camino diseñado por varones lejanos. Deja afuera a Eleonor Marx, Alejandra Kollontai, Emma Goldman y otras tantas mujeres. Tampoco toma en cuenta el pensamiento indígena.
La “asociación libre de productores” de la que habla el Manifiesto Comunista y el renacer de nuestros pueblos del que habla Arguedas están emparentados, pero parten de tradiciones distintas. Cuando propongo volver al nombre filosofía de la praxis no cuestiono el aporte de Marx, pero llevo claro que es un aporte, quizá uno de los mayores, en medio de muchos.
BIBLIOGRAFIA
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1972 Katatay, Lima: INC. Edición póstuma a cargo de Sybila de Arguedas
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Lowy, Michael 2006 “Ni calco ni copia: el marxismo romántico de José Carlos Mariátegui” en Por un socialismo indo americano. Ensayos escogidos de José Carlos Mariátegui, Lima: Librería editorial Minerva
Mariátegui, José Carlos 1959 (1925) “El hombre y el mito”. En El alma matinal y otras estaciones del hombre de hoy. Lima: Librería Editorial Minerva pp. 18-23.
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Vidales, C. 1975 “Arguedas: su corazón, rey entre sombras”. Estravagario. Revista cultural de El Pueblo de Cali. 19 de octubre. Reproducido en: <http://hem.bredband.net/rivvid/carlos/ ARGUED.HTM>.
Wainziger Friedheim, Francisco. “‘Rostro algo blanco, corazón indio’. Narrativas de la resistencia decolonial en la correspondencia entre José María Arguedas y Hugo Blanco. Reflexiones desde la (de)colonialidad y el género”. Ponencia presentada a la Mesa Temática “Las fuentes de la historia desde el género poscolonial / decolonial”. XIV Jornadas Interescuelas / Departamentos de Historia, 2-5 de octubre. Universidad Nacional de Cuyo,