Argentina: de la dictadura a Milei
Dos notas enviadas desde Opinión Socialista, partido argentino con que nos hermanamos
A 50 AÑOS DEL GOLPE: LA PELEA DE LA CLASE OBRERA SIGUE ABIERTA
Pato Seco
Se cumplen 50 años del golpe cívico-militar-eclesiástico del 24 de marzo de 1976. Medio siglo después, no se trata sólo de recordar un hecho del pasado. Se trata de comprender que la ofensiva que abrió aquel golpe contra la clase obrera argentina sigue teniendo continuidad hasta el presente.
El golpe del ’76 no fue simplemente una dictadura militar. Fue la salida que encontró la burguesía argentina, asociada al imperialismo, para aplastar un poderoso proceso de lucha de la clase obrera y de la vanguardia militante que se había desarrollado desde fines de los años ’60. Para imponer su programa económico necesitaban destruir las organizaciones obreras, disciplinar a la clase trabajadora y sembrar el terror.
Por eso recurrieron al terrorismo de Estado: secuestros, torturas, centros clandestinos y 30.000 detenidos-desaparecidos. La inmensa mayoría de ellos eran militantes obreros, estudiantiles, peronistas de izquierda y socialistas, parte de una generación que enfrentaba el dominio del capital y luchaba por una transformación profunda de la sociedad.
El plan económico de Martínez de Hoz fue el instrumento de esa ofensiva de clase: apertura económica, endeudamiento externo, destrucción del salario y ataque sistemático a las conquistas de la clase obrera. Era un programa destinado a reorganizar la economía argentina en función de los intereses del gran capital y del imperialismo. Pero ese plan económico necesitó también destruir la organización sindical y disciplinar al movimiento obrero para poder avanzar.
Pero la dictadura no logró completar su objetivo histórico. La resistencia de la clase obrera y de la vanguardia militante fue un factor decisivo en el desgaste del régimen y en su caída.
Sin embargo, el proyecto económico y social que la dictadura intentó imponer no desapareció con el fin del régimen militar. Fue retomado años después por el menemismo, que avanzó con privatizaciones, entrega de los recursos estratégicos, desocupación masiva y una ofensiva brutal contra las conquistas históricas de la clase trabajadora. Entre esos gobiernos, estuvieron las experiencias alfonsinistas y kirchneristas, que con sus inconsecuencias y agachadas ante el gran capital, terminaron en grandes frustraciones para les trabajadores.
Hoy el gobierno de Javier Milei representa una nueva tentativa de llevar ese mismo proyecto neoliberal hasta el final. Su programa de ajuste brutal, destrucción del salario, privatizaciones y sometimiento al capital financiero internacional no es otra cosa que la profundización del mismo rumbo iniciado por la dictadura y continuado en los años noventa.
En ese sentido, existe una clara continuidad histórica entre la dictadura, el menemismo y el proyecto que hoy intenta imponer Milei. Son distintas expresiones políticas de un mismo objetivo de clase: hacer que la crisis del capitalismo argentino la pague la clase obrera.
Esa ofensiva hoy se expresa en ataques directos contra conquistas históricas de nuestra clase. La contrarreforma laboral aprobada este año forma parte de ese mismo proyecto estratégico de la burguesía, iniciado con el plan de Martínez de Hoz y profundizado en los años noventa: abaratar el costo de la fuerza de trabajo, flexibilizar las condiciones laborales, debilitar la organización sindical y avanzar en la precarización generalizada del trabajo. No se trata de una medida aislada sino de un nuevo intento de hacer retroceder décadas de conquistas arrancadas por la lucha de la clase obrera. Por eso, pelear por tirar abajo esta contrarreforma laboral es una tarea central del movimiento obrero, inseparable de la lucha contra el ajuste y contra todo el programa reaccionario que hoy intenta imponer el gobierno.
Por eso tampoco es casual el negacionismo y el reivindicacionismo del gobierno actual. Para avanzar con un ataque de esta magnitud contra las condiciones de vida de la clase trabajadora es necesario intentar desacreditar la historia de lucha que enfrentó a la dictadura. De ahí la reivindicación de los genocidas, la relativización del terrorismo de Estado y los ataques permanentes contra los organismos de derechos humanos.
Sin embargo, estos 50 años también demuestran algo fundamental: la dictadura no logró derrotar definitivamente a la clase obrera ni borrar su memoria histórica.
La lucha persistente de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, de los organismos de derechos humanos y de miles de militantes que durante décadas enfrentaron la impunidad convirtió a la Argentina en una referencia internacional en la pelea por memoria, verdad y justicia. Esas conquistas fueron producto de la movilización y de la presión de la lucha social, no de concesiones del régimen.
Ese legado es una conquista enorme de la clase obrera argentina. Porque demuestra que incluso frente al terrorismo de Estado más brutal, la lucha puede abrir camino a la verdad y a la justicia.
Por eso, a 50 años del golpe, el 24 de marzo tiene un significado profundamente político. No puede ser sólo una conmemoración. Debe ser una jornada de movilización masiva y unitaria para enfrentar a un gobierno que intenta retomar el programa económico de la dictadura mientras relativiza sus crímenes.
No hay ninguna razón para marchar separados frente a un gobierno negacionista y ajustador. La unidad de acción de todos los organismos de derechos humanos, de las organizaciones obreras, estudiantiles y de izquierda es fundamental para que la movilización sea una demostración contundente contra el plan motosierra.
Honrar la memoria de los 30.000 significa comprender que la lucha que ellos dieron forma parte de la misma pelea histórica de la clase obrera contra la explotación capitalista.
Porque los mismos intereses de clase que impulsaron el golpe de 1976 son los que hoy respaldan el ajuste de Milei.
Por eso, a 50 años del golpe genocida, la tarea sigue siendo organizar la fuerza de la clase obrera para enfrentar a quienes intentan imponer nuevamente un programa de saqueo y sometimiento.
Con la memoria de los 30.000 como bandera, llenemos las calles en una sola marcha y un solo acto para decir con claridad:
Son 30.000.
Fue genocidio.
No olvidamos, no perdonamos, no nos reconciliamos.
Y frente a quienes quieren completar el proyecto de la dictadura:
Unidad de acción, movilización de la clase obrera, lucha para derrotar el ajuste, tirar abajo la contrarreforma laboral y defender todas las libertades democráticas.
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Organizar la resistencia contra la implementación de la reforma laboral
Gaston Kuttnick
La sanción de la Ley 27.802 de contrarreforma laboral, bajo el engañoso título de "Modernización Laboral", constituye un fuerte golpe para la clase obrera argentina. Esta ley fue impulsada, pensada y redactada desde los estudios de abogados de las principales corporaciones empresarias del país, que tienen en Federico Sturzenegger a su más fiel representante.
Esta antipopular ley retoma un hilo conductor con las políticas económicas y sociales de la última dictadura cívico-militar. Fue la dictadura la que intervino sindicatos y "mutiló" la Ley de Contrato de Trabajo (LCT) para restaurar el control patronal. La dictadura suspendió los convenios colectivos de trabajo prohibiendo la negociación paritaria para imponer una reestructuración económica y laboral. La reforma actual busca desarticular la protección tutelar del derecho laboral que es que en el contrato de trabajo, las partes (empleador y empleado) no son iguales y la parte trabajadora es la débil . Ambos gobiernos se enfocaron en debilitar la capacidad de resistencia sindical y la protección del eslabón más débil de la relación laboral.
Una reforma similar ya había sido intentada por el gobierno de Mauricio Macri, pero fue la importante resistencia en las jornadas de revuelta popular de diciembre de 2017 lo que hizo imposible su sanción. Fue el gobierno de Milei el que ahora volvió a la carga, cumpliendo con el pedido del FMI y con el aplauso casi unánime de las cámaras empresariales.
Es interesante preguntarse qué sucedió entre las jornadas de las "14 toneladas de piedra" y las jornadas de lucha contra la ley de Milei para que resultara insuficiente la lucha. Quizás el hecho más importante fue la profunda crisis en la que se encuentra el peronismo. La burocracia sindical desarrolló una política de "negociación" bajo los lineamientos de Sergio Massa. Fue así que garantizaron sus prebendas y entregaron la lucha. Fueron desgastando con un plan que manejaron desde las alturas, sin realizar asambleas, ni agitaciones callejeras, ni campañas; llamaron a una movilización en la que prontamente dejaron la plaza ante la primera represión, y luego a un paro nacional que rápidamente fueron desinflando, ya que fue sin movilización. Para el final, abandonaron la lucha y propusieron una estrategia judicial, cosa que será un terrible fracaso si no irrumpe la lucha en las fábricas y calles. Mención especial se llevan los senadores y diputados del peronismo y fuerzas provinciales que, a cambio de giros del Tesoro, nombramiento de funcionarios y otras cuestiones, hicieron de furgón de cola de Milei.
Los sectores que decidieron enfrentar hasta el final, liderados por los partidos trotskistas, otros grupos de izquierda y un grupo de sindicatos agrupados en el FRESU (Aceiteros, ATE, Bancarios y otros), tampoco lograron una política que acaudille al conjunto. Se perdió una gran oportunidad para poner en pie un frente de trabajadores contra este plan de entrega y sumisión. No sabemos qué hubiera sucedido si Myriam Bregman los hubiera llamado a pelear con una política frentista consecuente, asumiendo los riesgos de compartir tribuna, pero pudiendo embretar a su base. Era la oportunidad para demostrar en la realidad lo que esta reclama. Sin dudas, los sindicatos del FRESU tampoco mostraron determinación para ir por un triunfo. Finalmente, muchas de sus organizaciones no ingresaron a la plaza y se quedaron detenidas sobre Av. de Mayo, a unos 500 metros del Congreso Nacional.
Organizar la resistencia es la tarea
Unas horas antes de la votación se anunció la intención de Madanes Quintanilla de cerrar Fate. Si el tratamiento de la ley hizo que una gran parte de la población trabajadora acelere su experiencia con el mileísmo, estos anuncios de cierres de fábricas actuan ante millones como catalizador de que nada bueno hay en Milei para la clase trabajadora. Este panorama que se abre, con una pérdida de apoyo al gobierno, hay que transformarlo en lucha y organización.
La profundidad de los cambios introducidos aún es desconocida o poco comprendida para la mayoría de la clase obrera. Solo podemos comentar, en forma sintética, que se eliminó la ultraactividad automática e indefinida de los Convenios Colectivos de Trabajo; por lo tanto, en unos pocos meses se abrirá una discusión sobre los mismos. Se creó un Fondo de Cese Laboral, desfinanciando a la ANSES y facilitando el despido. Se extendieron los periodos de prueba, pudiendo llegar a un año. Se permite que un trabajador autónomo tenga hasta tres "colaboradores" sin que exista relación de dependencia, lo que facilita la tercerización. Se estableció la condonación de deudas, multas y sanciones a las patronales por trabajadores no registrados o mal registrados en el pasado. Se excluyen del cálculo indemnizatorio conceptos como el aguinaldo y premios no mensuales. Se habilitó la flexibilidad en jornada y vacaciones mediante el "bancos de horas" y fragmentar vacaciones en períodos más cortos.
En relación a los derechos colectivos ligados a la organización gremial, se recortó el derecho a huelga con la sanción de la falsa "esencialidad" y habilitando como "causa justa de despido" la participación en bloqueos u ocupaciones de establecimientos durante protestas. Se debilita la acción colectiva al priorizar acuerdos individuales o por empresa sobre los convenios nacionales, reduciendo el poder de negociación de las organizaciones gremiales.
En este panorama, la clase obrera no ha dejado de luchar y está procesando la experiencia. La gran lucha de los trabajadores del neumático, los docentes en autoconvocatorias en todo el país, las organizaciones de desocupados que están discutiendo como enfrentar los recortes planteados, los trabajadores de las universidades y muchos más que van saliendo a la lucha para enfrentar la destrucción del salario y los puestos de trabajo, deben dotarse de nuevas estrategias y recuperar la democracia sindical. Es necesario dotarse de una nueva dirección que se apoye en las asambleas, en la movilización y en la lucha consecuente, mientras se establece un reclamo masivo para que se derogue esta nefasta ley.