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El camino hacia la paz y la emancipación humana

Escribe: Pepe Velasco

Publicado: 2026-07-31

La violencia y sus consecuencias directas —como el sufrimiento y el dolor— han existido en la naturaleza desde su origen. Están presentes desde mucho antes de la aparición de nuestra especie. En los tiempos en que aún no existían ricos ni pobres, la violencia ya se manifestaba, pero era esporádica e individual. La comunidad la resolvía siempre en colectivo, buscando la conciliación o, si no quedaba otra opción, aplicando el destierro y la separación.

Por otro lado, la violencia entre grupos surgió en escenarios de escasez, donde cada comunidad buscaba garantizar su propia supervivencia. Aun así, estos conflictos se solucionaban con salidas pactadas o mediante una violencia moderada, temporal y calculada de forma natural.

La violencia colectiva como un sistema organizado nació cuando las "tierras felices" comenzaron a proveer abundancia, fecundidad y fertilidad. En estas regiones prósperas se asentaron los primeros grupos sedentarios, quienes empezaron a enfrentarse a comunidades nómadas y trashumantes para defender el cuidado mutuo entre el ser humano y la tierra. Simultáneamente, surgieron pugnas entre agricultores y ganaderos, especialmente cuando estos últimos invadían terrenos protegidos bajo dinámicas de gilanía (sitios basados en el cuidado mutuo y la reciprocidad). Estas diferencias de intereses se agravaron profundamente cuando los productores agrícolas enfrentaron los desafíos del cambio climático.

Según las evidencias que persisten hasta hoy, este cambio radical se ubica históricamente entre 10,000 y 4,000 años atrás. El detonante principal fue el inicio de los robos a la producción agrícola por parte de grupos ganaderos. A partir de ese momento, el inicio del Holoceno terrestre marcó el comienzo del antropocentrismo. Este periodo se caracterizó primero por el despojo de los recursos de la "tierra feliz" a otras especies y, posteriormente, a grupos de nuestra misma especie humana. En este punto de transición se rompió la matrilinealidad para dar paso a la patrilinealidad, consolidando el patriarcado, la división en linajes y la estructura de la familia patriarcal.

Desde aquellos tiempos antiguos hasta el presente, la economía ha estado orientada por linajes, castas y clases sociales. Hoy en día, estas políticas económicas se han concentrado exclusivamente en beneficio de élites oligárquicas e imperialistas. Frente a este panorama, es crucial rescatar que la naturaleza humana posee una tendencia mucho más fuerte hacia la búsqueda de la paz y las salidas conciliadas. La inclinación natural de nuestra especie es vivir en armonía, en un entorno donde no existan condiciones que generen división, escasez, desigualdad, discriminación ni muertes prematuras.

El orden social posterior a la caída de la tierra feliz ha sido una constante secuencia de dominaciones y resistencias. En el contexto actual de nuestra patria, resistir con todas las fuerzas se convierte en la única vía para sostener la existencia, hasta alcanzar una libertad plena, tanto colectiva como individual. Este proceso implica un tránsito histórico en el que el mito de recuperar el bien común para el "Buen Vivir" dejará de ser una simple utopía y se materializará en una verdad objetiva: una libertad absoluta con vidas dignas y saludables.

Este nuevo modelo se sostendrá sobre el trabajo necesario y una igualdad auténtica, estructurada por una economía basada en los tiempos de trabajo en función de las necesidades sociales, económicas, políticas y culturales de toda la humanidad. Para lograrlo, debemos articular un conjunto de acciones colectivas organizadas, orientadas a convertirse en rituales vivos de nuestra memoria compartida.

No siempre hubo ricos y pobres, y no siempre habrá ricos y pobres. Llegará el día en que la violencia sistemática se pierda para siempre en la historia de la humanidad.


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Anticapitalistas

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