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¿Chau Constituyente? La calle lo dirá

Publicado: 2022-05-12

El 21 de abril se produjo un paro campesino que tenía como consigna central la Asamblea Constituyente. Inmediatamente después Pedro Castillo presentó un proyecto de cambio constitucional que permitiría un referendum para saber si el pueblo quiere o no marchar hacia una nueva constitución. Proyecto que no pasó del debate en comisiones. No llegó al pleno. Hubiera sido posible que el gobierno presente un recurso al TC para impulsarlo. Quizá con el anterior TC hasta se hubiera podido ganar. Era cosa de esperar que la presidencia y por tanto el voto dirimente estuviera en manos de algún democrata. Pero eso ya pasó. Con el nuevo TC, básicamente fujimorista, el tema se aleja. 

El Tribunal Constitucional no hubiera podido ser elegido sin los votos de Perú Libre. Y la fracción magisterial de la bancada voto en consecuencia con eso. El ala ligada a Cerrón y Bellido, en cambio, le hizo una tremenda concesión a la extrema derecha y permitió la elección. Los metodos, por lo demás, fueron totalmente antidemocráticos. No se permitió ningún debate ¿Qué razones hubo para eso? No lo sabemos, hay mil hipótesis, todas apuntan a algún grado de corrupción.

Y, sin embargo, la Asamblea Constituyente es cada vez más necesaria. En primer lugar porque es un reclamo ciudadano. Toledo, García, Humala, Castillo: desde hace más de 20 años vienen ganando candidatos que ofrecen cambiar la constitución. Hay un 42% que quiere cambiar la constitución en su totalidad o en su mayor parte. Un 36% quiere algunos cambios parciales y bien podrían sumarse al pedido de una asamblea que la revise. Solo el 19% quiere mantenerla tal cual. Ese es el motivo por el que hay tanto temor a un referendum. Saben que perderían.

En segundo lugar porque es necesario debatir muchos temas que resultan cada vez más vigentes. Es cierto que nosotros estamos porque se incluyan en la constitución los derechos laborales, los de la mujer, los de la naturaleza, algunos aspectos de la segunda reforma agraria, en fin todo lo que puede entrar. Nos gustaría, por ejemplo, que se incluya el derecho a la intimidad que supone la posibilidad de decidir sobre tu cuerpo o sobre tu matrimonio, incluido el homosexual, sin que el Estado o la Iglesia interfieran. O los derechos de la naturaleza tan venidos a menos con los derrames petroleros. Pero incluso los debates más actuales: las universidades o el Tribunal Constitucional merecerían un debate más profundo.

Sobre las universidades se ha producido un dilema de lo más trivial: a favor o en contra de SUNEDU. Lo que ni los defensores ni los detractores, ni la derecha ni la izquierda, se han atrevido a cuestionar son las "universidades sociedad anonima" que se impusieron con el régimen neoliberal impulsado por Fujimori. La autonomía universitaria es una conquista estudiantil arrancada en 1918 luego del Grito de Córdoba, un movimiento de proyección juvenil argentino para democratizar la universidad y otorgarle un carácter científico. Es por lo menos curioso que sectores de la izquierda esten por un control estatal de las universidades. Cuando el Estado o la Iglesia han ejercido control sobre la ciencia se han producido las mayores barbaridades. Y, sin embargo, es comprensible este control cuando se impone el libre mercado en el sistema universitario y se convierte en tierra de nadie, en estafa. Es necesario volver a las Universidades que se rigen por un proyecto educativo y no solo por las leyes del mercado. Recien entonces una Asamblea de Rectores sería un organo respetable. De modo tal que centrarse unicamente en si se mantiene o no SUNEDU es como querer hablar del remedio sin mencionar la enfermedad y, peor, sin ver curas más profundas.

El Tribunal Constitucional es otro caso. Estos organos elegidos por el Congreso (Tribunal Constitucional, Defensoría del Pueblo, Directorio del BCR) se han prestado siempre a mil repartijas. Se puede ver formas más democráticas de elección. O por lo menos se debería abrir la posibilidad del debate. Una Asamblea Constituyente sería el mejor espacio. 

Comenzamos esta nota viendo el camino bloqueado por el contubernio entre el fujimorismo y el cerronismo. Pero, como vemos, la Asamblea Constituyente se hace necesaria ¿Habrá otro camino? Por supuesto, el camino chileno. Avanzar en las calles en la via destituyente, cerrar el congreso y en la constituyente. El pueblo es el soberano. Ahí nos vemos.   


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Anticapitalistas

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